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La sombra en el espejo

La sombra en el espejo
Foto: y i / Unsplash

Relatos Relatables — 19/01/2026 06:08

4 min Compartir X · WhatsApp · Telegram ·

Una joven descubre que su reflejo no siempre es lo que parece. Lo que comienza como un juego se torna en una aterradora revelación que cambiará su vida para siempre.

Clara siempre había tenido una relación curiosa con los espejos. Desde pequeña, le fascinaba ver su imagen reflejada, como si siempre hubiera algo más allá de la superficie. Cada vez que se paraba frente a uno, creía que había un mundo oculto detrás del cristal, esperando a ser descubierto. Sin embargo, nunca imaginó que esa fascinación la llevaría a un oscuro descubrimiento.

Una noche, mientras se preparaba para una fiesta, Clara se asomó al espejo de su habitación. La luz tenue hacía que su reflejo pareciera más vivo de lo habitual. Los ojos de su doble brillaban con un matiz extraño, como si contuvieran secretos inimaginables. Sin pensarlo, extendió la mano, tocando la superficie fría del cristal. En ese instante, sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Pero no era miedo, sino una extraña curiosidad que la empujaba a seguir explorando.

Los días pasaron y Clara se obsesionó con el espejo. Cada vez que podía, se paraba frente a él, buscando señales, respuestas. Una noche, mientras la luna llena iluminaba su habitación, notó algo diferente. Su reflejo sonrió, aunque ella no lo hizo. Alarmada, retrocedió, pero la imagen no desapareció. En cambio, el reflejo la miró con intensidad, como si le hablara. "¿Por qué no te atreves a venir?" susurró el espejo, la voz suave y seductora.

"¿Qué quieres decir?" preguntó Clara, sintiendo que su corazón latía con fuerza. El reflejo se rió, un sonido que reverberó en la habitación. "Hay un mundo más allá de este. Un lugar donde las reglas de tu realidad no aplican. Ven y descúbrelo."

Sin poder resistir la tentación, Clara se acercó de nuevo. Esta vez, su mano atravesó el cristal como si fuera agua. Un tirón la llevó hacia el interior, y el mundo a su alrededor se desvaneció en un torbellino de luz y sombras. Cuando finalmente recuperó el equilibrio, se encontró en un paisaje surrealista. Colores vibrantes danzaban en el aire y criaturas extrañas merodeaban por el lugar. Estaba en el otro lado del espejo.

"Bienvenida", dijo su reflejo, ahora con un cuerpo y una forma propia. "Aquí es donde la verdadera magia sucede." Clara se sintió fascinada y aterrorizada a la vez. La libertad de este nuevo mundo la deslumbraba, pero también había un aire de peligro. Mientras exploraban, su reflejo le mostró maravillas; paisajes que cambiaban con sus pensamientos, seres que podían leer su alma. Pero también había sombras, criaturas que acechaban en la penumbra, esperando el momento oportuno para atacar.

"Debemos irnos", dijo su reflejo tras un encuentro cercano con una de esas sombras. "No todos los que vienen aquí regresan." Clara sintió un escalofrío. La idea de no volver a su vida, a su familia y amigos, la aterraba. Sin embargo, la emoción de permanecer en ese mundo comenzó a seducirla. Se debatía entre dos realidades, cada una con su propio tipo de vida.

"¿Por qué no te quedas aquí?" preguntó su reflejo, intentando convencerla. "Puedes ser quien realmente deseas ser. Aquí, no hay límites." Clara miró a su doble, sintiendo una conexión profunda, pero también sabía que había algo oscuro en esa propuesta. Aquel mundo podía ofrecerle todo, pero a un precio que todavía no conocía.

Finalmente, la voz de su madre resonó en su mente. Recordó las risas compartidas, los abrazos y las promesas. Clara dio un paso atrás, sintiendo cómo el miedo se intercalaba con su deseo. "No, debo volver", dijo con firmeza. Su reflejo pareció decepcionarse, pero asintió, comprendiendo su decisión.

"Está bien, pero ten cuidado con los espejos", advirtió. "Nunca sabes quién más puede estar observando." Clara sintió cómo el mundo comenzaba a desvanecerse de nuevo. Se despidió de su reflejo, y en un instante, estaba de vuelta en su habitación. El espejo la miraba, normal y silencioso. Sin embargo, Clara sabía que nada sería igual. La experiencia la había cambiado y, aunque había regresado a su hogar, la sombra de su reflejo siempre estaría presente, recordándole lo que había descubierto más allá de la superficie.