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El reflejo en la piscina vacía

El reflejo en la piscina vacía
Foto: Samuel James / Unsplash

Relatos Relatables — 19/03/2026 07:53

4 min Compartir X · WhatsApp · Telegram ·

Una noche, un joven descubre un objeto en una piscina vacía que lo lleva a un oscuro secreto de su pasado. La revelación lo confronta con una amenaza inesperada.

La piscina, desierta y cubierta de hojas, parecía un vestigio olvidado del bullicio del verano. Javier, un joven de veinte años, había pasado por allí miles de veces sin detenerse, pero esa noche algo le impulsó a entrar. La luna iluminaba el agua turbia, creando un reflejo distorsionado de lo que alguna vez había sido. Se acercó al borde, la humedad del aire le envolvía como un manto. De repente, algo brilló en el fondo. Con el corazón acelerado, se inclinó para ver mejor. Era un llavero, oxidado y cubierto de barro, con un pequeño colgante en forma de estrella. Algo en él le resultaba familiar.

“¿Qué hace un llavero aquí?”, murmuró para sí mismo. Sintió una extraña conexión con ese objeto, como si guardara un secreto que le pertenecía. Después de unos momentos de vacilación, se decidió a sumergirse. El agua estaba fría, pero eso no importaba. Con movimientos rápidos, recuperó el llavero y lo sostuvo entre sus manos. Al instante, un torrente de recuerdos lo golpeó: risas en el parque, juegos con su hermana menor, la voz de su madre advirtiéndoles que no se alejaran demasiado. Pero había algo más, una sombra en esos recuerdos que no podía identificar.

Al salir de la piscina, se secó con la camiseta y examinó el llavero con más detenimiento. En la parte trasera, encontró un número grabado. Intrigado, se sintió impulsado a buscar su significado. Al regresar a casa, encendió su ordenador y tecleó el número. Las páginas se cargaron, revelando una dirección en un barrio de la ciudad que nunca había visitado. Sin pensarlo dos veces, decidió que debía ir.

Al día siguiente, el sol brillaba en un cielo despejado cuando Javier se encontró frente a un edificio antiguo, desgastado por el tiempo. La puerta principal estaba entreabierta, y un escalofrío recorrió su espalda. Se asomó al interior, donde el aire estaba impregnado de un olor a humedad y abandono. Con pasos titubeantes, cruzó el umbral, sintiendo que cada paso resonaba en la soledad del lugar. En la penumbra, encontró un viejo salón, lleno de muebles cubiertos por sábanas blancas que parecían fantasmas esperando a ser liberados.

“¿Hay alguien aquí?” llamó, su voz resonando en las paredes vacías. No hubo respuesta, solo el eco de su propia incertidumbre. Fue entonces cuando notó una puerta entreabierta al fondo. Se acercó con cautela, y al cruzar el umbral, se encontró en una habitación pequeña, repleta de cajas y objetos cubiertos de polvo. En una esquina, un viejo proyector de cine llamó su atención. Al acercarse, sintió una extraña atracción hacia él, como si le estuviera pidiendo que lo encendiera.

Javier buscó un enchufe y, tras unos intentos, logró hacerlo funcionar. La luz iluminó la pared opuesta, proyectando imágenes borrosas. Al principio, las imágenes eran confusas, pero poco a poco, los rostros comenzaron a tomar forma. Su corazón se detuvo al reconocer a su hermana, sonriendo y jugando en un día de verano. Sin embargo, la escena cambió rápidamente, y en lugar de felicidad, apareció un rostro que no reconocía. La imagen se volvió cada vez más oscura, hasta que una figura emergió de la sombra: un hombre que parecía observarlo con ojos penetrantes.

“¿Quién es?” preguntó Javier, sintiendo un sudor frío recorrer su frente. Las imágenes cambiaron una vez más, y ahora el hombre estaba en un lugar diferente, hablando con su madre. Su voz resonaba con una urgencia que no podía ignorar. Fue entonces cuando la verdad comenzó a desenredarse en su mente. Ese hombre había estado presente en su vida, aunque no lo recordaba. Era un amigo de la familia, alguien que había sido importante antes de que todo se desmoronara. La amenaza que había sentido en sus recuerdos se hacía palpable.

De repente, la proyección se detuvo y la habitación se sumió en la oscuridad. Javier sintió que el aire se volvía denso, y un susurro resonó en su oído: “No deberías haber venido”. Su corazón latía con fuerza mientras giraba sobre sus talones, pero la puerta estaba cerrada. Con el llavero en la mano, se dio cuenta de que había desenterrado algo que debía haber permanecido oculto. La búsqueda de la verdad lo había llevado a un lugar peligroso, donde los ecos del pasado amenazaban con atraparlo.