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La sombra en el espejo

La sombra en el espejo
Foto: y i / Unsplash

Relatos Relatables — 14/01/2026 06:03

4 min Compartir X · WhatsApp · Telegram ·

Una mujer lucha contra sus propios demonios mientras se enfrenta a una realidad distorsionada. La línea entre la cordura y la locura se desdibuja en un juego psicológico inquietante.

El viento aullaba como un lamento en la noche oscura. Clara se encontraba frente al espejo, su reflejo parecía sonreírle de una manera que la incomodaba. Había algo en esos ojos que la miraban fijamente, algo que la hacía sentir vulnerable. Con un suspiro, se apartó, pero la imagen se quedó grabada en su mente. Desde hacía semanas, las noches se convertían en un tormento, y cada vez que el reloj marcaba la medianoche, una sombra se asomaba en su vida.

Durante el día, Clara se sumergía en la rutina, el trabajo y las conversaciones superficiales con sus compañeros de oficina. Pero en la soledad de su hogar, los pensamientos la acosaban. “No estás sola”, le decía a su reflejo, intentando convencerse. Sin embargo, la voz en su cabeza respondía: “Nunca lo estuviste”. Había días en que se sentía atrapada en un laberinto del que no podía escapar, donde cada esquina traía consigo un nuevo miedo.

Una noche, mientras el reloj marcaba su hora habitual, decidió que ya era suficiente. Se armó de valor y se enfrentó a la sombra en el espejo. “¿Qué quieres de mí?”, gritó, con la voz quebrada, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza. La respuesta fue un silencio ensordecedor, pero en el fondo de su mente, Clara sabía que la respuesta estaba allí, entre las sombras que había ignorado.

A medida que pasaban los días, comenzó a notar cosas extrañas. Las cosas cambiaban en su hogar: objetos que desaparecían y reaparecían en lugares inusuales, susurros que parecían flotar en el aire. Una noche, se despertó de un sueño agitado y vio su reflejo en el espejo, ahora más distorsionado que nunca. “No te puedes escapar”, dijo la sombra, y Clara sintió que el miedo se apoderaba de ella. Esa voz resonaba en su cabeza, un eco de sus propios pensamientos más oscuros.

Desesperada, decidió buscar ayuda. Acudió a un terapeuta, un hombre de mirada comprensiva. “A veces, nuestros miedos son más reales de lo que pensamos”, le dijo en una sesión. Pero las palabras no parecían calmar a Clara, que estaba convencida de que su sombra no era solo una manifestación de su mente, sino una presencia tangible que la acechaba. “No puedo seguir así”, le confesó un día, sintiendo las lágrimas deslizarse por sus mejillas. “Siento que me está consumiendo”.

Una noche, tras una larga jornada, Clara regresó a casa y se encontró con el espejo. La sombra la esperaba, más viva que nunca. “Es hora de enfrentarte a mí”, susurró, y Clara sintió que su corazón se detenía. En ese instante, comprendió que su lucha no era contra la sombra, sino contra sí misma. Las decisiones que había tomado, los caminos que había evitado, todo lo que había reprimido durante años se manifestaba ante ella.

“Eres tú”, murmuró, como si todo encajara de repente. La sombra sonrió, pero esta vez no era una mueca de burla. Era un reflejo de su dolor, de sus temores. “No puedes seguir huyendo”, dijo la sombra, y Clara, en un acto de valentía, decidió dar un paso hacia adelante, acercándose al espejo. Con cada paso, sentía que la carga que llevaba se hacía más ligera.

“Soy yo quien te ha alimentado”, dijo Clara, dándose cuenta de que el poder estaba en sus manos. La sombra comenzó a desvanecerse, y con ella, la angustia que la había atormentado. Clara finalmente entendió que no podía cambiar lo que había sucedido en el pasado, pero sí podía decidir cómo vivir en el presente. Al romper el espejo, la última imagen de su reflejo se desvaneció, llevándose consigo el miedo que había gobernado su vida.

Desde aquel día, Clara miraba su nuevo hogar con otros ojos. La luz entraba sin obstáculos, y aunque las sombras aún existían, aprendió a convivir con ellas. Sabía que el viaje hacia la sanación no era lineal y que, de vez en cuando, la sombra podría asomarse. Pero ahora, tenía el poder de elegir, de enfrentar sus miedos con cada nuevo amanecer.