← Volver a historias

El reflejo de los mundos perdidos

El reflejo de los mundos perdidos
Foto: Alex Gorey / Unsplash

Relatos Relatables — 24/02/2026 07:42

4 min Compartir X · WhatsApp · Telegram ·

Un técnico de mantenimiento en una estación espacial descubre un viejo panel de control que desata una peligrosa conexión con un universo paralelo. La realidad nunca volverá a ser la misma.

La estación espacial Omega-7, un coloso de metal y tecnología, flotaba en la inmensidad del vacío. Era un lugar de trabajo para muchos, pero para Axel, un técnico de mantenimiento, era un hogar solitario. Con el tiempo, las rutinas se habían vuelto monótonas. Revisar los sistemas, reparar los errores, vigilar los niveles de oxígeno. Sin embargo, esa noche, mientras revisaba un antiguo panel de control en un rincón olvidado de la estación, algo cambió. El panel, cubierto de polvo y telarañas, parecía casi un objeto de museo. Axel se agachó para limpiarlo, y al hacerlo, su mirada se detuvo en un botón que nunca había visto antes. Era de un color azul intenso, con un símbolo que parecía vibrar con una energía inusual.

“¿Y tú qué haces aquí?”, murmuró para sí mismo, sintiendo una extraña atracción hacia el botón. Presionarlo era una locura, pero la curiosidad era un monstruo que nunca había podido domar. Con un suspiro, se armó de valor y lo apretó. Al instante, el panel cobró vida con un zumbido profundo. Las luces parpadearon, y una serie de patrones lumínicos comenzaron a danzar en la pantalla. Axel retrocedió, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda. Las imágenes que aparecían eran de mundos extraños, paisajes alienígenas llenos de colores imposibles y criaturas que desafiaban la lógica.

“¿Es esto un sueño?”, preguntó en voz alta, pero la soledad de la estación solo le devolvió el eco de su propia voz. Sin embargo, en ese instante, sintió que una presencia lo observaba. La pantalla empezó a distorsionarse, y de repente, una figura emergió de la luz. Era una sombra, una silueta que parecía una versión distorsionada de él mismo. El miedo lo paralizó mientras la figura sonreía, como si supiera algo que él ignoraba.

“¿Quién eres?”, gritó Axel, pero la figura no respondió. En su lugar, extendió una mano hacia él, y un frío intenso comenzó a envolverlo. Axel, impulsado por un instinto de supervivencia, se dio la vuelta y empezó a correr hacia la salida del área de mantenimiento. Sin embargo, la estación comenzó a temblar, como si estuviera viva y tratando de deshacerse de la intrusión. Las luces parpadeaban y los alarmas sonaban, mientras él luchaba por encontrar una salida.

“¡Sal de mi cabeza!”, aulló, pero sus palabras eran ahogadas por el rugido del caos. Las puertas metálicas se cerraban y abrían a su paso, y él apenas podía seguir el camino. La figura continuaba persiguiéndolo, cada vez más cerca, cada vez más real. Axel llegó a la sala de control principal, donde los demás técnicos estaban inmersos en sus tareas. Sin embargo, cuando él intentó explicar lo que había sucedido, sus compañeros lo miraron con incredulidad. No había rastro del panel ni de la figura. Todo parecía normal.

“Axel, necesitas descansar”, le dijo una de sus colegas, con una mezcla de preocupación y confusión. Pero él sabía que algo más profundo estaba sucediendo. Esa noche, mientras todos dormían, Axel decidió regresar al panel. Al llegar, el panel seguía inerte, como si nunca hubiera cobrado vida. Sin embargo, a medida que se acercaba, sintió una vibración familiar; el aire estaba cargado de energía. Sin pensarlo dos veces, presionó el botón de nuevo. Esta vez, la figura apareció de inmediato, pero no estaba sola. Detrás de ella, un ejército de sombras emergió, todas parecidas a él, cada una con una expresión de terror y desesperación.

“¡Detente!”, gritó Axel, pero era demasiado tarde. Las sombras comenzaron a fusionarse con él, y en un instante, su conciencia se dividió. Se dio cuenta de que cada una de esas sombras representaba una parte de él mismo, decisiones no tomadas, caminos no recorridos. El panel había abierto una puerta a un universo alternativo donde cada posibilidad se había materializado. Cuando la luz terminó de consumirlo, Axel se encontró en una sala de control diferente, rodeado de versiones de sí mismo que nunca había conocido. La realidad se había fragmentado, y él estaba atrapado en un laberinto de posibilidades.

“¿Qué hemos hecho?”, susurró a sus reflejos, pero no había respuesta. El eco de su voz resonó en la inmensidad del espacio, mientras comprendía que, en su búsqueda de curiosidad, había liberado algo que nunca podría volver a encerrar. El universo se había expandido, y con él, su propia existencia se había vuelto un enigma que jamás podría resolver.