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El enigma del ascensor infinito

El enigma del ascensor infinito
Foto: Bagzhan Sadvakassov / Unsplash

Relatos Relatables — 10/03/2026 06:16

3 min Compartir X · WhatsApp · Telegram ·

Un operario de un antiguo edificio de oficinas descubre un botón que lo lleva a dimensiones desconocidas. Su curiosidad lo arrastra a un viaje donde el tiempo y la realidad se entrelazan.

Los ecos solitarios del viejo edificio resonaban con el crujido del ascensor. Cada mañana, Iván, el operario de mantenimiento, se sumía en la rutina de revisar las máquinas. Sin embargo, aquella jornada se presentaba diferente; el aire parecía cargado de una energía peculiar. Mientras inspeccionaba el panel de control, su mirada se detuvo en un pequeño botón, desgastado por el tiempo, que nunca había notado antes. El símbolo que lo adornaba era una espiral, y en un impulso casi irrefrenable, decidió presionarlo.

El ascensor, que normalmente se detenía en los seis pisos del edificio, comenzó a descender más allá de lo habitual. Iván sintió cómo su estómago se encogía al ver que el marcador luminoso se apagaba en el número más bajo. En lugar de detenerse, el ascensor siguió bajando, atravesando un silencio que parecía eterno. La luz parpadeaba y, de repente, se apagó por completo. Un instante después, el ascensor se detuvo con un suave golpe.

Las puertas se abrieron lentamente, revelando un vestíbulo inusualmente amplio, iluminado por una luz suave y difusa. A su alrededor, no había paredes, solo un vasto horizonte de estrellas que brillaban con una intensidad desconocida. Iván dio un paso hacia afuera, sintiendo que el suelo no era firme, sino una especie de plataforma flotante que se extendía hacia lo desconocido.

“¿Hola?” su voz resonó, y el eco que regresó parecía burlarse de su soledad. Sin embargo, no estaba solo. A varios metros, una figura se movía con gracia, como si danzara en un espacio sin gravedad. La figura se detuvo y giró hacia él, revelando una silueta humanoide con un rostro que no podía distinguir.

“Has llegado a la intersección de los mundos”, dijo con una voz serena que parecía vibrar en el aire. “Aquí, el tiempo no es lineal. Aquí, la curiosidad es una puerta hacia lo desconocido.” Iván sintió una mezcla de asombro y temor. “¿Qué quieres de mí?”, preguntó, su voz temblando con la incertidumbre.

“Te hemos estado observando. Tu deseo de entender, de descubrir, ha abierto una brecha. Pero no todos los que entran en este lugar regresan.” La figura dio un paso hacia él, y la luz pareció intensificarse. “¿Estás dispuesto a arriesgarte por la verdad?”

Antes de que pudiera responder, el entorno comenzó a distorsionarse, y visiones de mundos paralelos se desnudaron ante sus ojos. Vio ciudades flotantes, océanos de cristal y criaturas que desafiaban las leyes de la naturaleza. Todo lo que había conocido se desvaneció, reemplazado por una realidad donde las posibilidades eran infinitas. Pero a medida que contemplaba, un miedo creciente se apoderó de él. ¿Qué pasaría si nunca pudiera regresar?

“Debes elegir, Iván”, insistió la figura, ahora más cercana. “La curiosidad tiene un precio. ¿Aceptarás el desafío de conocer lo que está más allá, aunque eso signifique perderte a ti mismo?”

En ese momento, la luz se volvió abrumadora. Iván sintió que su mente se expandía, afectada por la verdad del universo, pero también sintió un tirón en su corazón, un anhelo de regresar a lo familiar. “No, no puedo. Quiero volver”, exclamó, tratando de aferrarse a su humanidad.

La figura sonrió, y el brillo en su rostro se tornó en compasión. “La decisión es tuya, pero recuerda: cada elección abre un nuevo camino.” Con un gesto, el espacio comenzó a desvanecerse y, en un parpadeo, Iván se encontró de nuevo en el ascensor, el botón de la espiral brillando tenuemente ante él.

Sintió el aire frío del edificio rodeándolo y el suave movimiento del ascensor deteniéndose en su planta habitual. Al abrir las puertas, el familiar vestíbulo lo recibió en silencio. Sin embargo, algo había cambiado en su interior. La curiosidad ahora era una llama ardiente, y el misterio del universo había dejado una huella imborrable en su alma. Mientras se alejaba del ascensor, no pudo evitar mirarlo por encima del hombro, preguntándose si algún día regresaría a descubrir el camino hacia aquellos mundos perdidos.